miércoles, 15 de marzo de 2017

Soy yo

Llamará a tu puerta


    Soy yo

Se había oído una llamada en la puerta. A nadie aguardaba a esas horas. Tras unos segundos de espera volvieron a repicar los tres toques en la aldaba. El gato negro ni siquiera se sobresaltó y continuó dormido sobre la alfombra. El sofá todavía conservaba el calor del anciano cuerpo arropado. Con mucho esfuerzo se levantó y, a pasos cortos, recorrió el pasillo hasta llegar a la entrada de la casa. Retiró la chapa metálica de la mirilla y un rostro, desconocido pero esperado, permaneció inmóvil, clavado en ojo cristalino de la vivienda.
 -¡No puede ser! ¿Por qué llega en este momento? –Gritaba su mente descompuesta. Ya se había dado cuenta de la identidad del visitante, pero no obstante hacía un esfuerzo por confirmar que no se había equivocado con el personaje.
 -¿Quién es?
 -Soy yo.
 -Y, ¿quién eres tú?
 -Lo sabes perfectamente. –Es verdad. Tenía la certeza de que tarde o temprano llamaría a su puerta. Estaba ahí. No había dudas.
-¿Puedes volver más tarde? –La pregunta carecía de sentido y el sonido se diluyó en el aire ahogando el deseo más fuerte que cualquier ser vivo alberga en su interior. A pesar de la evidencia ineludible intentó descorrer un enorme cerrojo para impedir la entrada del extraño, pero la madera se pulverizó por arte de magia e hizo un pequeño montón de serrín junto a sus zapatillas. De repente, quedó paralizado frente a su nuevo y último visitante.
-¡No me toques, por favor! –La súplica resonó como un eco de los tiempos mientras se esparcían sus propias cenizas en una cuneta de la historia. Silencio.

domingo, 5 de marzo de 2017

Tarde de paz

Tarde y cielo con nubes

Desplomada y aturdida discurre la tarde gris.
La delicadeza es pura humedad,
mientras se funde la lluvia ligera en gélida brisa.

Ya regresan las cigüeñas a sus enormes nidos
que coronan la torre de la iglesia
y los niños acuden a sus casas con el pelo mojado.

El cristal de la ventana se ha empañado
de un cálido vaho hogareño.
Vuela la paz en el silencio de la vida.  

Un libro acurrucado en las manos de su amante,
se deja acariciar en cada página
por la mirada fiel y esos dedos de ternura.

Calma que inunda el ser en un instante,
olor a leña quemada que consume el tiempo
y trasciende el deseo de un cielo.


Tarde de paz.