domingo, 1 de marzo de 2015

EL ESCRITOR Y LOS BENEFICIOS ECONÓMICOS


Una apuesta por el ánimo de pérdidas y sin ánimo de lucro.


            La mayoría de las personas piensan que un escritor después de escribir un libro, éste  aparece en las librerías del país, los clientes lo adquieren y la cuenta corriente del escritor comienza a incrementar el saldo a su favor. Error. Nada más alejado de la realidad. Ni siquiera se puede aplicar a los mejores escritores de reconocida fama.

            Lo más habitual es que un escritor esté apasionado por un tema concreto y desee comunicarlo a las personas porque le seduce dar a conocer sus ideas, sus fantasías, sus sentimientos, su forma de ver la vida… Y, como se siente feliz escribiendo, pasando horas organizando el contenido, dejando volar su imaginación, consultando libros e información sin descanso, observando la vida, las personas, las situaciones, consigue plasmar en el archivo de un ordenador, miles de palabras escogidas, mimadas, excavadas en el fondo del diccionario, para transmitir su mensaje de la mejor manera posible.

            El escritor o la escritora, en adelante los denominaré autor, sin ánimo de herir susceptibilidades de género y para no complicar la redacción del escrito. Pues el autor, después de pasar interminables horas frente a la pantalla del PC consigue concluir el libro y lo lee y relee una y otra vez. ¡Por fin puede publicarlo! Desde este punto comienza el camino hacia el calvario de la edición.

            Si además el autor es novel y no nobel, la cruz que debe soportar todavía es más pesada. Su primera pregunta es: “Y ahora, ¿a quién le enseño el libro para que se publique?”  La respuesta parece sencilla. A una editorial, claro. Se envían correos a las editoriales y como mucho te contestan amablemente. Ellas saben que si quieren tener negocio deben hacer caso a los autores que hayan vendido más de 5000 ejemplares de alguna de sus publicaciones. A no ser que algún amigo te asegure el marketing y la publicidad en los medios de comunicación. Ya se sabe, sólo se vende lo que se conoce.

            Como no es fácil ser principiante e incluso veterano en el arte de escribir, vendiendo esa cantidad de libros en un santiamén, recurre a las editoriales de autoedición. Éstas publican el libro si lo mandas corregido totalmente. Con las imágenes correspondientes, prácticamente maquetado, te dicen que lo distribuirán a no sé cuantas librerías, pero no te explican que los distribuidores sólo distribuyen los libros que “venden” es decir aquellos que seleccionan las librerías porque son los que les proporcionan los beneficios, totalmente razonables, para que mantengan su negocio. Como se puede apreciar ese libro todavía no se “vende”, simplemente aspira a ello.

El resultado es que la autoedición corre a cargo del autor, paga la impresión, la supuesta publicidad que te van a dar en las librerías de venta en e-book, y el sello de la editorial que queda impreso en cada libro. Todos los gastos son para el autor y le mandan el paquetón de libros a su casa. Por fin ha conseguido tener mucho más que un archivo en el ordenador, ha conseguido ocupar parte de la habitación de su vivienda con cajas de libros.
            Ya puede regalar a la familia, a los amigos y a los compromisos que haya adquirido. Eso es amor al arte y a la literatura. Los bolsillos vacíos y la casa llena de letras. Romántico, emocionante.
           
Pero autor es insistente y no se rinde a la primera. Entonces decide buscar un agente literario. Y con mucha suerte alguno le responde diciendo que debe invertir en la publicación de su libro una cantidad de dinero que para conseguirla necesitará vender por lo menos 1000 libros para recuperar los euros invertidos.

Pongamos un ejemplo comparativo:
Una persona contratada cobra unos 800 € al mes. Trabaja unas 160 horas. Veamos que necesita realizar un escritor para llegar a esa cantidad.

Autor apoyado por una agencia literaria:
Un escritor escribe un libro de unas 160 páginas en un mes, dedicando unas 160 horas si es un experto literario. Si tiene la suerte de que se lo publica una editorial sabe que si el libro se vende a 10 €, a la imprenta le corresponde unos 2 o 3 €, el distribuidor se queda  4 o 5 €, la librería que lo vende alrededor de 3 € y al autor le pasarán 1 € de los cuales debe pagar sus impuestos, con lo que el autor obtiene unas ganancias de 0,8 € aproximadamente, por cada libro vendido. Es decir que, para ganar 800 € necesita que la editorial haya vendido 1000 libros, en un mes. Todo un best seller.

            Por fin ha conseguido recuperar el dinero que tuvo que invertir con la agencia literaria para que le publicaran su libro. Es decir, hasta ahora no ha obtenido ningún beneficio económico. Necesitará que se vendan otros 1000 ejemplares para poder cobrar 800 €. Si se da esta situación observaremos que se ha producido el milagro y nos encontramos ante un aspirante a ser reconocido como un autor muy, pero que muy, destacado.

Autor que opta por la autoedición:
            El mismo libro descrito en el apartado anterior de 160 páginas. Cuesta alrededor de 2000 € si imprime 1000 ejemplares. Necesita vender personalmente 200 ejemplares, entre familia, amigos y conocidos (que son muchos) para poder recuperar los 2000 € de la edición.
            Pero si quiere ganar los 800 € deberá llenar la mochila con 100 libros más y dedicarse a venderlos puerta a puerta y hacerse un verdadero agente comercial. Estupenda profesión con la que no esperaba tener que especializarse. Incluso puede hacerle pensar que su vocación era precisamente esa ser agente comercial. Todo un descubrimiento.

Menos mal que los verdaderos beneficios no son económicos, ni crematísticos. Lo que verdaderamente llena al autor es su generosidad al expresar en unas páginas el pensamiento, la emoción, las cuitas y alegrías del ser humano, necesidades imprescindibles para hacer de este mundo un lugar de convivencia y libertad.


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