miércoles, 18 de febrero de 2015

IMAGEN PERSONAL Y BELLEZA

Es obvio, la imagen personal, el cuidado del cuerpo infunde autoconfianza. Ir al gimnasio, a centros de estética, es una práctica habitual de mucha gente que pretende mantener su aspecto físico bello. Bien es verdad que no todo el mundo va por la imagen, hay personas que lo hacen simplemente por los beneficios de la salud. En la actualidad está muy considerada la imagen personal. En nuestra cultura, en relación con la asunción de la corporeidad, se da la paradoja de no asumir las limitaciones propias de cada cuerpo. La mayoría no quiere envejecer, asumir que los años han pasado por su vida. Se pretende instalarse en una juventud eterna. En otras épocas se practicaba una especie de ascesis orientada a “disciplinar” el cuerpo a favor de los valores espirituales. Una visión dualista que concebía al cuerpo como la cárcel del alma. Hoy hemos pasado a optar por todo lo contrario, hay que inscribirse en los gimnasios para practicar deporte, mantener una figura ideal a costa de lo que sea, de ahí la aparición frecuente de síndromes de vigorexia, bulimia, anorexia, en aras de un perfeccionismo que no sabe dónde se encuentra su meta. A mí me parece una manipulación de la belleza y de la corporeidad.

Es interesante tener la capacidad de demostrar en la primera impresión toda la valía personal. A veces, si se pierde esa oportunidad quizás ya no se tenga ocasión de encontrar un trabajo, mejorar económicamente, vender un producto o conseguir una influencia determinada. La fachada de un edificio, supuestamente indica lo que contiene en su interior las paredes de la casa. Y, es curioso, todo el mundo conoce que no siempre coincide la apariencia con la realidad, importa demasiado la apariencia exterior y se descuida con suma frivolidad el contenido del interior. El aspecto externo de la persona está bien pero no se debe descuidar el aspecto interno. Si se hace una comparación en el gasto de imagen y en formación personal, observaremos un fuerte desequilibrio a favor de la imagen. Dicho de otra manera, al poner en una balanza, el gasto en colonia, maquillaje, peluquería, etc., pesa más, menos o igual que si en el otro lado de la balanza depositamos el gasto en libros, cursos de formación, arte, etc. El resultado de esta comparación nos indicará de alguna manera si existe cierto equilibrio entre la belleza interior y exterior. La boca habla de lo que sale del corazón, es decir, sacamos hacia afuera lo que vivimos, sentimos y queremos desde dentro. Una persona cuyos sentimientos profundos es ayudar a quien lo necesita manifiesta, sin darse cuenta de una forma explícita, ese sentimiento de generosidad y la convierte, allá por donde pasa, en una persona atractiva. La alegría interior de estar satisfecho por el cumplimiento de las responsabilidades emergerá de aquellas personas que transmiten una confianza hacia los demás lo que ellas ya están viviendo con su virtud. Una persona que está descontenta consigo misma por algún motivo, será incapaz de transmitir alegría hacia los otros para hacer ver que su imagen es divertida.

Todos sabemos desenmascarar las falsedades de los demás cuando no se muestran como son en realidad. La naturalidad de ser uno mismo es un indicador clarísimo con el que valoramos la belleza integral de la gente. Nuestra mirada, la forma de caminar, la postura del cuerpo, la expresión facial, el tono de la voz, son elementos de comunicación personal que en su conjunto delatan el estado anímico en que nos encontramos en cada momento. Si entre estos elementos se produce una disonancia estaremos transmitiendo que existe algo en el conjunto que suena a falso. Por ejemplo, podemos estar hablando con nuestro vecino intentando convencerle de que no estamos enfadados con él y al mismo tiempo nuestra voz es excesivamente altisonante, nuestro rostro serio, adusto y los gestos de nuestras manos señalándole inquisitoriamente. Sin duda el vecino captará el mensaje incoherente entre lo que dice y lo que manifiesta con su cuerpo. El ser humano, en sí mismo, es una gran expresión de la belleza. Vive sin admirar lo que lleva dentro y se pierde la lindeza de su “posibilidad” y, sobre todo de su “realidad”. Nuestra mirada se dirige instintivamente hacia las maravillas de la perfección y nuestra vida las busca para satisfacer el ansia de encontrar su propio cielo. ¿Acaso no buscamos a tientas como descubrir ese cielo por medio de la belleza? Quizás esté tan cerca que no apreciamos su presencia.   

De “Caminar a tientas”
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