miércoles, 29 de octubre de 2014

¡PALABRA!

            Palabras. Hablar aquí y allá. Decir innumerables cosas por el mero hecho de llenar vacíos en la comunicación. Contar historias cargadas de fantasías o llenas de estereotipos. Emitir sonidos guturales para demostrar una presencia.  Combinar un sinfín de asonancias y consonancias engarzándolas unas con otras como si de un puzzle se tratara. Hablar por hablar.

            Palabrería. Desde el comienzo de la comunicación con el otro se puede saber de antemano, que lo que va a decir no tiene relevancia alguna. Tiempo atrás, la falta de  coherencia redujo considerablemente la credibilidad y por ello ahora necesita el aval de los hechos. Engendrada en la duda la sospecha se convierte en cedazo para la interpretación de las palabras. Adentrados en este terreno el barro en la comunicación se petrifica y el retraimiento o la frivolidad se instalan en las relaciones.

            Palabra. Afirmación que, muchas veces, pretende llamar la atención de quien escucha y pretende diferenciarla de la palabrería. Indica sinceridad y convencimiento personal profundo. Deseo de convertirla en la realidad desde el mismo instante en que se pronuncia. Aboca al cumplimento del compromiso contraído. En caso contrario la persona que no cumple su palabra se le tilda, y con razón, de hombre o mujer de “poca palabra”.

            Los medios de comunicación han influido, de alguna manera, en confundir los valores y creencias personales con juegos de ideas, sentidos, palabras… La sensación de sentirse manipulado constantemente por los poderes políticos, económicos o sociales  se apodera de las personas sencillas y concluyen sus reflexiones diciendo: “Todo es una mentira”.


            Revalorizar el contenido profundo de la palabra es luchar contra la manipulación y la falsedad. La palabra no es una parte desmontable de la persona, sino que expresa y comunica el ser en su totalidad. ¡Palabra!
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