miércoles, 3 de septiembre de 2014

Comer en familia

Si el hecho de comer con otras personas resulta tan importante para la salud y el bienestar, no digamos nada de los efectos beneficiosos de comer en familia. Sentarse alrededor de una mesa y crear el momento para hablar de las pequeñas y grandes cosas que han sucedido a lo largo de la jornada tiene un impresionante poder de vinculación entre los miembros de la familia. Es una pena observar en los hogares que en el momento de la comida o la cena, en vez de realizar juntos los preparativos para estar juntos mientras se come, cada miembro se preocupa exclusivamente de seleccionar el alimento que va a ingerir y se lo come en solitario frente al televisor. Casi siempre existe la excusa perfecta de la falta de tiempo y la dificultad para establecer un horario común para toda la familia, pero las conductas concretas de nuestras actuaciones siempre responden a los principios personales. En este caso, comer juntos, no se considera uno de los mejores planes de convivencia y comunicación que se consiguen dentro de la familia. La premura del tiempo hace que se prepare la comida a base de platos semipreparados, listos para calentar y comer. Atrás quedó esa comida muy elaborada, casera y por supuesto deliciosa que preparaba la madre con todo el cariño del mundo. La tendencia a la incorporación al mundo laboral de los dos miembros de la pareja, es un obstáculo para coincidir con los horarios escolares de los hijos. Se observa una gran dificultad para compartir momentos comunes en la familia. Desde luego no se puede negar que esta es una realidad costosa de superar, cierto. Pero también es importante reconocer que la ocasión de compartir una mesa conlleva muchas ventajas y posibilidades educativas para los hijos. El conocimiento de la situación anímica de cada miembro de la familia, es un momento de diálogo en el que se puede expresar los sentimientos y las preocupaciones de cada uno, también es un espacio para aprender a comer de manera saludable, una oportunidad para enseñar la ayuda entre todos y la disposición a estar pendientes de cada uno.

Los valores elementales  se transmiten en la familia y momentos como el de las comidas son ideales para transmitir lo que se piensa y se siente de forma natural. Se aprende a hablar y a escuchar. Yo le calificaría como el aula magna de la vida. La felicidad se busca, de alguna manera, en las pequeñas cosas de cada día y la comida en compañía es una ocasión demasiado frecuente como para no aprovechar la fuente de satisfacción y placer que se consigue. Es obvio que el acto de comer, además de su función alimenticia, produce placer. El hecho es innegable y por tanto nos hace sentirnos un poco más felices.
De "Caminar a tientas"
Rafael Roldán

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